ESTIMADO JAY

Posted on 03. Mar, 2014 by in Educación, Puerto Rico

Hoy el licenciado y comentarista de noticias Jay Fonseca publica una columna en Primera Hora titulada Un hombre que puede cambiarlo todo.

Argumenta Jay que en este momento histórico el nuevo presidente de la UPR, Dr. Urayóan Walker, es el hombre más importante de Puerto Rico. Para validar su argumento, menciona iniciativas y logros alcanzados por universidades en Estados Unidos y otros lugares del mundo como ejemplo de lo que podría lograr el Dr. Walker.

Esta es mi respuesta a la columna.

Estimado Jay:

Entiendo el potencial que tiene la Universidad de Puerto Rico para transformar al país. Coincido con la idea de que su Presidente deber ser una figura transformadora. Pero aseverar que “el Dr. Urayoán Walker es el hombre más importante para Puerto Rico en este momento” es irreal e ingenuo.

No pretendo debatir los números que presentas en tu columna, pues me parecen bastante certeros. Quiero simplemente compartir mi opinión disidente en cuanto a la lógica que utilizas para aseverar que el nuevo Presidente “puede cambiarlo todo”, pues en mi opinión no puede.

¿POR QUÉ NO? Porque ni el país ni la Universidad de Puerto Rico como institución cuentan con una cultura filantrópica y de compromiso social similar a las que existen en gran parte de las universidades que mencionas. Como ejemplo: ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste o leíste de algún ex-alumno que donara 15, 20 y hasta 100 millones de dólares a la UPR para financiar un proyecto o para construir un edificio, estructura o laboratorio de investigación?

Correctamente mencionas que “los líderes universitarios, como los tuvo Puerto Rico en el pasado, trazan una ruta, se lanzan a la calle para levantar los fondos necesarios y transforman su entorno.” ¿Puedes proveer evidencia de cúantos fondos externos (no gubernamentales) trajeron a la universidad esos líderes del pasado? ¿Cuán eficientes fueron en lograr reducir la brecha entre los fondos privados vs. públicos que financian la universidad? En Estados Unidos, en promedio, el gasto de fondos públicos (federales, estatales y locales) representa sólo el 34% del presupuesto institucional en educación superior. La UPR es, para todos los efectos prácticos, subvencionada casi en su totalidad por el estado. Los pasados líderes no demostraron mucho liderazgo para atender este aspecto fundamental para el desarrollo de cualquier universidad moderna. Porque no es un asunto de liderazgo, plan o visión.

¿CUÁL ES EL VERDADERO PROBLEMA? El problema es la ley universitaria, su aplicación y la cultura dominante. La Universidad de Puerto Rico ha sido parte del botín de guerra de los partidos políticos elección tras elección. No bien gana un gobierno, las turbas políticas comienzan a engranar la maquinaria para destronar al presidente de turno. Te aseguro, basado en mi experiencia como universitario, que ya existen en la UPR comités de búsqueda encargados de encontrar y reclutar al remplazo del Dr. Walker para el 2016. ¿Quién puede implementar un plan exitoso cuando desde tu misma casa te están saboteando (serruchando el palo) 24/7? Aclaro: no estoy buscando excusas para el nuevo presidente; me limito a recalcar lo que ha sido la realidad de nuestra universidad por las pasadas décadas.

En la UPR, por una parte, no existe autonomía real. Por otro lado, la cultura de ganadores vs. perdedores es el pan nuestro de cada día en materia de administración universitaria. Busca en la historia de las universidades que utilizas como ejemplo, ¿cuándo fue la última vez que un cambio en la Presidencia provocó la renuncia de TODOS los Rectores y/o Decanos? Para ejecutar un plan exitosamente se necesita continuidad; tiene que existir una base administrativa y de apoyo sólida que pueda llevar los proyectos e iniciativas a su culminación. En la UPR eso no existe.

No quiero ser pesimista, sólo realista. En el mejor de los casos, existe EL POTENCIAL para que el Presidente de la Universidad de Puerto Rico pueda ser una figura transformadora . Pero primero hay que cambiar la ley y la cultura. Sin los cimientos, no importa cómo se llame el Señor Presidente, lo que sugieres es simplemente una quimera.

Respetuosamente,

Ferdinand